
Se puede observar que, durante los últimos años, la aplicación de la Inteligencia Artificial ha aumentado en el ámbito jurídico, de los chatbots que resumen y redactan textos o resuelven dudas básicas de manera automatizada, a evolucionar en los sistemas agenticos o autónomos, capaces de aprender, razonar y ejecutar tareas complejas dentro de un ecosistema empresarial.
Chatbots: la primera generación de la automatización
Un chatbot tradicional es un programa diseñado para mantener una conversación siguiendo reglas predefinidas. Utiliza árboles de decisión, bases de datos de respuestas y algoritmos de procesamiento del lenguaje natural básicos. Su función principal es guiar al usuario dentro de un marco limitado: resolver dudas frecuentes, recopilar datos o redirigir solicitudes.
Pueden imaginarse como cajeros automáticos o máquinas expendedoras, que solo cuentan con un repertorio cerrado de respuestas y pueden ofrecer aquello que se les ha programado. Son rápidos, consistentes y rentables para gestionar consultas rutinarias, pero su comprensión del contexto es superficial. No entienden realmente lo que el usuario necesita; simplemente reconocen patrones y responden según guiones preestablecidos.
En entornos corporativos, los chatbots son útiles cuando la precisión comunicativa y la coherencia de marca son esenciales (por ejemplo, en atención al cliente o soporte técnico). Sin embargo, su falta de adaptabilidad los convierte en herramientas poco flexibles para escenarios que exigen análisis, razonamiento o aprendizaje continuo.
Agentes de IA: el salto hacia la comprensión y la acción
La siguiente etapa en esta evolución la representan los agentes de inteligencia artificial, o sistemas agénticos, que combinan comprensión del lenguaje natural, acceso a datos empresariales y capacidad de planificación. A diferencia de los chatbots, los agentes no se limitan a reaccionar; piensan, deciden y actúan en función de un objetivo.
Un agente de IA puede interpretar una solicitud, dividirla en subtareas, elegir qué herramienta o base de datos consultar, ejecutar las acciones necesarias y verificar los resultados antes de entregarlos al usuario. Este proceso implica planificación, orquestación y evaluación, tres capacidades que los chatbots tradicionales no poseen.
Si el chatbot es una máquina expendedora, el agente de IA es como un asesor personal especializado que comprende lo que se le pide, analiza lo que se le pide y lo adapta a los datos empresariales, ejecuta el proceso y evalúa el resultado.
Su potencial aumenta aún más cuando se integran con sistemas internos (como plataformas de gestión de contratos, repositorios de conocimiento o bases de datos regulatorias). Así, pueden realizar tareas antes reservadas exclusivamente a los humanos, comparar documentos legales, detectar cláusulas de riesgo, elaborar resúmenes normativos o generar informes personalizados a partir de múltiples fuentes.
Del asistente digital al sistema agéntico autónomo
Entre un simple chatbot y un sistema agéntico completo se pude indicar que hay varios niveles intermedios,
- AI Personas: versiones personalizadas de agentes que operan con instrucciones persistentes y un corpus interno acotado. Aportan consistencia y coherencia en la generación de contenido o en la aplicación de políticas corporativas. Su uso, en el ámbito jurídico suele ser en investigación jurídica, protección de datos.
- Agentes guiados: cadenas de varios agentes especializados que colaboran en secuencia para lograr un resultado final. Son ideales para flujos de trabajo estructurados, como la revisión documental o la evaluación de riesgos. Los agentes guiados, suelen ser utilizados en las áreas de fusiones y adquisiciones, derecho laboral, o en las Evaluaciones de Impacto de Privacidad
- Sistemas agénticos: ecosistemas de agentes interconectados que planifican, ejecutan y controlan de forma coordinada múltiples tareas. Cada agente desempeña un rol (análisis, ejecución, validación), asegurando trazabilidad y control humano en todo el proceso. Estos sistemas, su utilizad se focaliza por ejemplo en el derecho procesal o en cumplimiento normativo.
Estos sistemas no solo mejoran la productividad, si no que redefinen el modelo operativo. En los departamentos jurídicos, por ejemplo, la adopción de IA no se limita a automatizar tareas repetitivas, implica repensar los flujos de trabajo, los indicadores de desempeño, la gestión del conocimiento y el cumplimiento normativo. La IA deja de ser una herramienta puntual y se convierte en un componente estructural del negocio.
Una nueva forma de trabajar en el ámbito juridico
A medida que se va adquiriendo más experiencia digital por parte de las organizaciones, se va difuminando el trabajo entre la labor humana y lo automatizado, ya que la clave está en la manera en la que se integra la tecnología con propósito, control y una adecuada gobernanza jurídica y ética.
Todo proceso se inicia con la implementación de una base tecnológica, como son los chatbots o AI personas, que facilitan el aprendizaje y la estandarización de criterios. Posterior a ello, prosigue el uso de agentes guiados que conectan los procesos de trabajo y las tareas repetitivas, terminando con los sistemas agenticos o autonomos, que son capaces de mejorar el rendimiento productivo a gran escala, bajo métricas claras y supervisión profesional.
Cada ciclo de aprendizaje contribuye a optimizar los procesos jurídicos, reducir los tiempos de respuesta y ampliar la capacidad analítica de los equipos. Esto permite transitar desde un modelo basado en la ejecución manual hacia una práctica asistida por inteligencia artificial, en la que la IA actúa como un copiloto jurídico confiable, que potencia el juicio profesional sin sustituirlo.
Conclusión
Los sistemas agénticos representan la convergencia entre automatización, inteligencia y autonomía. No reemplazan la labor humana, sino que la potencian: ofrecen precisión, contexto y rapidez, mientras los profesionales mantienen el juicio ético y la supervisión. Finalmente, el viaje desde los chatbots hasta los agentes autónomos no es solo una evolución tecnológica, sino una transformación cultural del trabajo. Los despachos, empresas y departamentos que adopten este enfoque con criterio y responsabilidad estarán mejor preparados para un entorno en el que la inteligencia artificial no solo responde, sino que piensa, decide y construye valor.